La maternidad a veces comienza por un deseo y por una decisión, que pueden llevar por distintos recorridos. La autora reflexiona sobre el proceso de adopción, los mitos y los procesos legales y sociales para formar una familia.
Por Mariela Baladron*
El día que nos conocimos tenías puesto un buzo de Batman. Cuando te quedó chico decidí guardarlo. Además de recordar ese día cada año, celebramos otras fechas importantes: cuando empezaste a vivir en casa y el día que salió la sentencia del juicio de adopción.
Nuestra familia se construye en base a hitos que a su vez forman parte de un camino previo: antes vivías en otro lugar, te cuidaron otras personas y naciste del cuerpo de otra mujer. En las familias por adopción, como la nuestra, convive la alegría de esos encuentros maravillosos con un hecho triste, tu familia de origen no te pudo cuidar. Es algo constitutivo y, a su vez, parte de tu derecho a la identidad. Saber todo lo que quieras y podamos responder de esta historia, que es nuestra historia.
Los tiempos de la adopción
“¿Tardaron mucho en llamarlos o fue rápido?” Es una pregunta habitual que escuchamos como familia por adopción. La respuesta que me sale en modo automático “es rapidísimo”, cuando pienso en el tiempo transcurrido entre que entramos al Registro Único de Aspirantes para Guarda con Fines Adoptivos (RUAGA) y nos llamaron del juzgado.
Pero después recuerdo otras temporalidades de este proceso: los intentos previos por otras vías, movilizados por el deseo de ahijar, que finalmente nos llevaron a informarnos, hacer los trámites y las entrevistas de evaluación para adoptar. Y también me parte el alma pensar en el tiempo de espera -con sus frustraciones, deseos y expectativas- de los niños, niñas y adolescentes que viven en familias de acogida o en hogares de tránsito, ya sea para intentar volver con su familia de origen o ampliada -si se pueden garantizar sus derechos-, o por una familia que los adopte.
A partir de 2015, con la actualización del Código Civil y Comercial de la Nación, se agilizaron los mecanismos de los procesos de adopción. A su vez, pueden postularse familias monoparentales o parejas, casadas o en unión convivencial, de distinto o mismo sexo (en sintonía con otros avances previos como la Ley de Matrimonio Igualitario de 2010).
Sembrar el camino con preguntas e información
Si bien cada familia es única, el camino de la adopción tiene sus particularidades. Pensar en adoptar nos obliga a plantearnos una serie de preguntas muy trascendentales de antemano para prepararnos y definir la “disponibilidad adoptiva” (cuántos niños/as o adolescentes podría adoptar -grupo de hermanos-, rango de edades y condiciones de salud -con enfermedades y/o discapacidad-).
Otra pregunta evidente pero que también es importante explicitar es ¿quiero y puedo ahijar a alguien con quien no comparto ninguna genética (a diferencia de las promesas de fenotipos similares que proponen las clínicas de fertilidad asistida con donación de óvulos y/o esperma)? ¿Puedo renunciar a elegir el nombre de mi hijo/a? En ese discurrir late un deseo que permite dar el siguiente paso hacia la expectativa de un encuentro con alguien que ya existe y necesita una familia y nosotros queremos ser esa familia.
En nuestro caso, conocer las historias de otras familias por adopción nos ayudó a decidirnos, ilusionarnos y acompañar muchos miedos e incertidumbres. Desde la comunicación es mucho lo que se viene haciendo y lo que se puede hacer, ante el desafío de mostrar historias en primera persona sin vulnerar el derecho a la imagen y la dignidad de infancias y adolescencias. Algunas organizaciones como Adopten Niñes Grandes o Militamos Adopción, realizan un gran trabajo de comunicación al compartir información y recursos diversos, principalmente a través de sus redes sociales. Películas de ficción, documentales, libros, muestras de fotos, podcasts, historias de familias en notas periodísticas o redes sociales muestran casos reales, de momentos conmovedores y otros difíciles en la construcción de nuevos vínculos familiares.
En el mismo sentido, la comediante y conductora Lizy Tagliani anunció públicamente su proceso de adopción, con un claro mensaje respecto del derecho de niños, niñas y adolescentes de vivir en familia, la importancia de desnaturalizar la idea de que “te dan un chico/a” ante el deseo del adulto de ser madre o padre. El Estado debe evaluar y ponderar qué es lo mejor para las infancias y en qué instancia se dicta la situación de adoptabilidad en contraposición a la idea de sentido común muy difundida de que “hay tantos chicos/as que necesitan familia”.
Según los datos oficiales del Ministerio de Justicia de la Nación, en marzo de 2026 en Argentina hay 2052 legajos de postulantes a adoptar, de los cuales el 55% (1135) están activos, es decir, disponibles en la actualidad para recibir el contacto de algún juzgado. El 81% se propone para ahijar niños o niñas de hasta 3 años de edad, mientras que el 2% aceptaría a mayores de 10 años y solo el 1% con discapacidad. Se calcula que hay 2200 niños, niñas y adolescentes en situación de adoptabilidad, de los cuales el 80% supera los 5 años de edad y en muchos casos son grupos de hermanos.
La información y sensibilización respecto de las edades y situaciones de las infancias “reales” es un trabajo constante de las organizaciones sociales vinculadas a la adopción. Por su parte, la actriz Inés Estévez comparte regularmente su experiencia como mamá por adopción de dos hermanas con discapacidad, su preocupación y propuesta respecto de sus cuidados a futuro, en el contexto de recortes en las pensiones y prestaciones por discapacidad del gobierno actual.
Redes, políticas y sentidos que acompañan (y otros que no)
Una deuda pendiente de nuestro país tiene que ver con las licencias por maternidad y paternidad -breves y limitadas, en comparación con otros países-, que vale mencionar en un contexto aún más regresivo a partir de la reforma laboral aprobada a comienzos de 2026.
En el caso de la adopción es aún más restrictivo: la Ley de Contrato de Trabajo no contempla este tipo de familia y solo en algunos convenios laborales específicos se otorgan licencias. En particular en los inicios de un proceso de adopción, tanto de vinculación para conocerse como durante el comienzo de la convivencia, las familias precisan justamente de tiempo. Esto no está previsto para la mayoría de las personas en actividad y la sugerencia es guardar días de vacaciones para cubrir esos procesos (si trabajás en blanco), lo cual es totalmente insuficiente. También es importante contemplar talleres y otras herramientas para acompañar distintas etapas y desafíos de la crianza por adopción.
Por otra parte, hay ciertas frases o lugares comunes que deberíamos poner en cuestión y repensar colectivamente, ya que incluyen juicios de valor negativos para las familias por adopción. Podemos pensar en ejemplos como “la sangre tira” (como si el componente genético garantizara los vínculos); ante un problema de conducta “lo debe traer de la madre/padre (biológicos)” (estigmatizando a las infancias y jóvenes por su situación de adoptados o infiriendo un determinismo o destino por herencia de estirpe); “ahora que adoptaste capaz quedás embarazada” (como si el hijo/a adoptivo fuese insuficiente o un medio para otro fin, o la opción B); “le salvaron la vida, te va a agradecer siempre” (como si hubiese una deuda cuando se trata de restituir derechos y acompañar huellas o heridas, en muchos casos de abandonos, abusos o situaciones violentas).
Cada proceso es único y no existen dos familias iguales de ningún tipo. Pero a modo de cierre me gustaría compartir una experiencia personal como mamá por adopción. El día que conocí a mi hijo lo sentí familia desde el momento en que lo vi. Vale la pregunta de si algún hijo/a alguna vez es, fue o debería ser “propio” ¿de la propiedad o pertenencia de quién?
La vinculación fue rápida, pero así y todo era muy difícil esperar a volver a verlo, aunque entendía el proceso y no se me ocurría acelerar sus tiempos. Me descubrí y me convertí en la madre que nunca imaginé que sería: una de esas madres insoportables que piensan y sienten que su hijo es el más lindo y el mejor del mundo. Cada día pienso que me tocó el hijo indicado, el niño mágico, mi superhéroe, el que me trae las sonrisas, las rebeldías y los desafíos que quiero y puedo tener.
*Mariela Baladron es Licenciada en Comunicación y doctoranda en Ciencias Sociales (UBA). Magíster en Industrias Culturales (UNQ). Docente de grado y posgrado en universidades públicas e investigadora de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA) en libertad de expresión y políticas audiovisuales y TIC. Team verano. Siempre pasada de caracteres.






