Hacia una teoría integrada de la comunicación política

La comunicación política pasó a convertirse en la forma misma en que la política ocurre. Emociones y conflictos son los ejes que estructuran la actual comunicación que busca permanentemente explotar la indignación y el enojo: bienvenidos a la plataformización de la conversación pública. Scrollen el feed sin miedo hasta que encuentren su indignación diaria y al culpable de su malestar. ¿Hay algo que se le pueda oponer a esta lógica algorítmica?

*Por Victor Taricco

1. El desafío teórico frente a un espacio público reconfigurado

En los últimos años, la comunicación política se encontró frente a un fenómeno que sus categorías tradicionales no consiguen procesar del todo. No es que la teoría haya quedado atrás, sino que el objeto mismo cambió de naturaleza: ya no alcanza con pensar en mediatización, agenda o mensaje para comprender un espacio público moldeado por infraestructuras algorítmicas, sensibilidades fragmentadas y conflictos que se expresan bajo nuevas reglas.

Las tradiciones críticas latinoamericanas habían mostrado la centralidad de las mediaciones en la vida democrática, pero hoy esas mediaciones se reconfiguran con una intensidad que obliga a repensar el campo en términos más amplios. Una teoría integrada se vuelve necesaria no por ambición académica, sino porque solo desde una perspectiva renovada es posible comprender cómo se producen, circulan y se disputan los sentidos de lo común.

2. El ambiente híbrido y la lógica algorítmica

El espacio público ya no puede pensarse solo desde la noción de mediatización. Lo que emerge es un ambiente híbrido donde conviven lógicas mediáticas heredadas y dinámicas algorítmicas que introducen nuevos criterios de relevancia, visibilidad y circulación. No se trata de un reemplazo, sino de una superposición: los medios siguen siendo actores centrales, pero operan inmersos en un ecosistema calculado que no controlan del todo.

Las plataformas consolidan esta reorganización. Como plantea Flavia Costa, los algoritmos funcionan como autoridades invisibles: modulan flujos, jerarquizan contenidos, establecen umbrales de atención y reorganizan la experiencia de lo público sin necesidad de intervención humana directa. Esta gubernamentalidad algorítmica no ordena mediante normas explícitas, sino a través de modelos de cálculo que anticipan comportamientos, intensifican ciertos afectos y vuelven otros prácticamente invisibles.

Las consecuencias políticas son profundas. La conversación pública se acelera y se fragmenta; la visibilidad se vuelve un bien escaso administrado por criterios de optimización. La densidad argumentativa cede frente a estímulos breves capaces de generar reacciones inmediatas. La relevancia de un tema ya no depende solo de su importancia pública, sino de su capacidad de circular en un entorno donde la atención es un recurso volátil.

Este nuevo régimen de visibilidad altera las condiciones de la representación política y reconfigura el lugar desde el cual los actores se relacionan con la ciudadanía. La esfera pública deja de estar organizada únicamente por agendas editoriales y pasa a estar influida por decisiones técnicas inscritas en infraestructuras privadas. La política, lejos de quedar al margen, se ve obligada a inscribirse en esas lógicas: administra la incertidumbre, compite por atención y negocia su relevancia en un ambiente donde la lógica algorítmica condiciona qué narrativas se vuelven posibles.

3. Afectos, memorias y conflictividad

Los afectos no son una novedad en la vida política, pero el modo en que hoy circulan, se intensifican y condicionan la conversación pública adopta formas que tensionan las posibilidades del debate democrático. Las plataformas no producen emociones, pero reorganizan su visibilidad y su velocidad de propagación según criterios que privilegian la reacción por sobre la elaboración. Al administrar la atención mediante métricas de rendimiento, moldean el clima en el que se discuten los asuntos públicos y vuelven más difícil la tramitación colectiva del conflicto.

En paralelo, como señala Natalia Romé, se erosionan las memorias políticas que antes permitían leer el conflicto en claves históricas, elaborar el malestar y proyectar horizontes colectivos. Este vaciamiento deja a los afectos más expuestos a lógicas de circulación acelerada. En un tiempo donde las certezas se debilitan, la precarización se profundiza y las instituciones pierden autoridad, los afectos quedan disponibles para gramáticas políticas que ofrecen explicaciones rápidas, identidades cerradas y antagonismos simplificados.

El conflicto, lejos de desaparecer, se intensifica, pero adquiere nuevas formas de aparición. En el ambiente híbrido, comunicar no es solo transmitir información: es intervenir en la manera en que una sociedad reconoce sus tensiones, define adversarios y establece qué está en juego. La comunicación política se vuelve un terreno donde se disputan las claves de interpretación del tiempo presente, donde se organizan sensibilidades y donde se define qué vidas, qué problemas y qué relatos logran figurar como parte de lo común.

Sin una teoría capaz de articular afectos, mediaciones tecnológicas y conflictividad social, la comunicación política corre el riesgo de degradarse en administración emocional o en pura gestión de climas. Una teoría integrada, en cambio, permite ver que el conflicto no es un accidente de la política, sino su núcleo organizador: la condición desde la cual una sociedad se reconoce, se discute y se proyecta.

4. Una teoría integrada para un espacio público reconfigurado

El carácter “integrado” de la teoría que proponemos no remite a una sumatoria de enfoques ni a un eclecticismo metodológico, sino a la necesidad de pensar el objeto contemporáneo de la comunicación política como una transdisciplina. Las mediaciones históricas, las plataformas digitales, los afectos que circulan y la conflictividad que estructura lo social conforman hoy un mismo ambiente de producción de sentido. Integrar, en este contexto, significa leer ese ambiente en su totalidad: comprender cómo se articulan sus dimensiones discursivas, técnicas, afectivas e institucionales para explicar de qué modo se configuran y se disputan los sentidos de lo común.

La comunicación política dejó de ser un campo explicable desde una única disciplina. Ninguna perspectiva aislada —discursiva, institucional, tecnológica o sociológica— logra captar por sí sola la complejidad de un espacio público atravesado simultáneamente por mediaciones históricas, infraestructuras algorítmicas, subjetividades fragmentadas y antagonismos intensificados.

Una teoría integrada parte de una premisa simple pero decisiva: la política ocurre en un ambiente donde lenguajes, plataformas, afectos, instituciones y conflictos se entrelazan. No hay política sin comunicación, pero tampoco hay comunicación que pueda sustituir la racionalidad propia de lo político: aquella que organiza el conflicto, distribuye recursos simbólicos y materiales, define proyectos de mundo y orienta las formas de vida compartida.

Pensar la comunicación política hoy implica comprender que la disputa no se juega solo en la circulación de mensajes, sino en las condiciones mismas de visibilidad, en la modulación algorítmica de la sensibilidad social, en la fragilidad de las memorias públicas y en la capacidad de producir comunidad frente a un entorno que tiende a fragmentarla.

En un tiempo donde la esfera pública se vuelve cada vez más calculada y las tensiones democráticas se intensifican, recuperar densidad teórica no es un ejercicio académico: es una necesidad política. Una teoría integrada de la comunicación política no busca ordenar el caos del presente, sino producir categorías críticas para intervenir en él, para comprender cómo se organizan hoy los sentidos compartidos y para disputar los horizontes que sostienen la vida democrática.

Victor Taricco es Licenciado en Ciencias de la Comunicación, Coordinador académico de la Diplomatura en Comunicación Política de la UBA y JTP en el TIF de Producción. Para sobrevivir, juega al ping-pong. Aunque él prefiere decir tenis de mesa.

Dic 16, 2025 | Victor Taricco

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