¿Feministas libertarias?: esencias y sororidad alambicada

Quizás nos conmovamos juntas mirando Belén y nos una la furia frente a los femicidios, tal vez nos enerve de modo semejante el machismo cotidiano; sin embargo, tanta profunda cosa nos separa.

*Myriam Pelazas

Hace dos años participé de Ensayos Urgentes para pensar la Argentina que asoma, una publicación en la que una decena de autoras y autores avizorábamos qué podía sobrevenir luego del resultado de las PASO. Me tocó hablar sobre los feminismos, blanco predilecto del ganador de esa compulsa electoral que mientras nos denostaba, sumaba mujeres en puestos clave de LLA aseverando que el verdadero Jefe de dicha fuerza era su hermana. Ese ensayo también reconocía la existencia de pibas que elegían combatir la violencia machista con la dura mano libertaria en lugar de sostener lo que para ellas eran aparatos meramente burocráticos como el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación.

Hace unos meses, Carolina Spataro y Melina Vázquez presentaron Sin padre, sin marido y sin Estado. Feministas de las nuevas derechas, una investigación exhaustiva en la que entrevistan a señoras que rondan la edad de jubilarse y que en algún caso militaron en organizaciones liberales; a mujeres de treintis/cuarentis que fueron parte de la eclosión de la marea verde y del Ni Una Menos y a chicas de 20 que enarbolan banderas feministas, aunque reniegan, por ejemplo, de la ESI. Todas ellas conforman el conglomerado que da título al libro que Rossana Reguillo Cruz celebró en Anfibia porque, entre otros méritos, expone que no todas estas mujeres son manipuladas, que algunas “tienen lecturas sofisticadas, trayectoria política, agencia plena. No son satélites de varones poderosos”. Por lo tanto, Reguillo Cruz llamó a que el feminismo hegemónico deje de caricaturizarlas y con ello despertó una furibunda reacción que Carolina Justo Von Lurzer abordó en extenso en la revista Bordes. En este texto reconvierto la aseveración aludida para sumar otra mirada acerca de tal incomodidad: ¿acaso las lecturas sofisticadas, trayectoria política y agencia de la que gozan algunas feministas de las nuevas derechas justifica o agrava sus posicionamientos respecto de la quita de derechos generales y particulares en los días que vivimos?

Es decir, más que ridiculizarlas, muchas creemos que no es sin ellas que suceden varias de las cosas que suceden. Por cierto, si bien algunas han criticado los ataques misóginos de Milei y/o sus trols a Julia Mengolini o Lali Espósito, la mayoría no repara en la gravedad de las amenazas que llevaron a que Luciana Peker se fuera del país. Tampoco en el impacto de los despidos masivos a profesionales y trabajadores y trabajadoras de áreas vinculadas a las políticas públicas relativas a géneros e incluso algunas alientan proyectos como el de la aliada senadora Carolina Losada o la diputada Lilia Lemoine sobre las “falsas denuncias de género”. Además, en mayor o menor medida, apoyan los vetos presidenciales a leyes que procuran mitigar las consecuencias que propina este modelo porque comparten su racionalidad.

En otras palabras, si no hay una habermasiana conversación no es porque a las “progresistas” nos irrita que ellas desconozcan el legado de las Abuelas y de las Madres de Plaza de Mayo o porque justifiquen la desigual vara que usa el Poder Judicial para resolver lo relativo a CFK (por si faltara algo, alguna de ellas participó en la trama de su atentado). No se trata sólo de orígenes y agendas diferentes, sino que aún en tiempos de la “alta coimera”, las “chorras” a sus ojos seguimos siendo nosotras. De hecho, de probarse los retornos en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), muchas condenarán a sus responsables -lo hacen respecto a los vínculos narcos de Espert-; no obstante, la concepción política de la que hacen gala seguramente conduzca su crítica hacia la manzana de la “corrupción”, no a la poda practicada por el gobierno en esta área tan sensible. Podía suceder otra cosa con la censura previa interpuesta por Patricia Bullrich para que no se difundan audios de Karina Milei en tanto la medida contraría las ideas liberales que pregonan, pero frente a tal recorte a la libertad de prensa, no hubo harakiris, ni revuelo en sus filas.

Por otra parte, la espeluznante estampida de femicidios para esta ministra es resultado de que el feminismo pisoteó a los hombres. No me extenderé en su declaración ya vastamente repudiada; en cambio, convoco una imagen suya de los ’90 porque además de cruzar las múltiples veredas partidarias que atravesó, Patricia Bullrich  calzó traje feminista. En días de discusión de la Reforma constitucional, junto a compañeras de bancada se plantó contra las posiciones antiabortistas del entonces presidente y de la mayoría del bloque oficialista que ella integraba. La portada de Página/12 ilustraba esa rebelión de seis legisladoras y funcionarias menemistas mediante un enorme stiletto que aplastaba al presidente riojano. ¿Hacia dónde nos lleva esta foto? A que la actual candidata libertaria, no sólo culpabiliza al kirchnerismo como promotor de todo mal, sino que también reniega de ese taco aguja que cuestionaba el machismo imperante para convertirse en puntal del poder patriarcal y, a pesar de ello, sigue siendo adalid de algunas de estas mujeres. En efecto, hay quienes entienden que el empoderamiento pasa por ser exitosas y cuya capacidad de agencia logra perforar el techo de cristal, sin importar quienes están a los costados.

Esto no quita que, unidas, feministas de diversas procedencias y trayectorias hayamos logrado cosas grandes; de hecho, hoy es necesario avanzar con la sanción de la violencia anclada en el territorio digital y pareciera no haber controversia en aliarnos en torno de ello. No obstante, en 2023 al sancionarse la ley Olimpia que incorporó la modalidad de violencia digital a la Ley de Protección contra las mujeres solo dos representantes votaron en contra: quienes hoy a los chispazos conforman la dupla presidencial. No es casual. En ese “ensayo urgente”, Isabel Vasen decía que no se explica el fenómeno Milei -ni de otros líderes de características similares – sin la acción desplegada en las plataformas digitales sobre todo durante la pandemia. Burbujas y cámaras de eco que generaron mayor apego a las ideas que ciertos varones -predominantemente jóvenes- venían consumiendo como reacción al Ni una Menos por aquí, al Mee Too, por allá. Luego esas formulaciones de manósfera se colaron en conjuntos más grandes y hoy también se insertan en el discurso de mujeres que cuestionan la deriva feminista definiéndola como victimista y mujeril ocultando que muchas rechazamos el punitivismo de ciertas alas del movimiento por transexcluyentes, esencialistas y hasta puritanas.

Quizá haga falta repetir que el movimiento feminista es capaz de cobijar perspectivas antagónicas sin negar que lo son y que puede apachucharse con otras luchas. Echa luz sobre este punto, Luci Cavallero, referente del Ni una Menos, al advertir que el feminismo no es un movimiento de efeméridesy,por eso, este año la marcha del 3J se convirtió en miércoles 4J para unirnos a jubilados y jubiladas, migrantes, personas con discapacidad, residentes del Garrahan, periodistas, estatales, universitarias y universitaris.. Más allá de denunciar el desfinanciamiento de las políticas nacionales que apoyaban a mujeres y diversidades, la lucha, según la entendemos varias es interseccional y urgente, ¿compartimos esto con las feministas oficialistas? No. Algunas entreveramos pañuelos con estas batallas por la supervivencia mientras la mayoría de ellas defiende el primigenio feminismo liberal que les habríamos robado. Sin embargo, aquel feminismo blanco, a pesar de las limitaciones de clase de varias de sus mujeres, puso patas para arriba grandes engranajes del sistema, no vino a hacer pinkwashing ni a justificar a varones violentos.

Otra foto: en los primeros Encuentros de Mujeres que tan bien retrataron Amanda Alma y Paula Lorenzo (2009) leemos que, al iniciarse este siglo, mujeres de las derechas llevaron su voz a ese espacio donde no eran bien recibidas porque iban a horadarlo. Munidas de discursos de la Iglesia u otras usinas conservadoras se declaraban antifeministas, pero, a veces, en esos encuentros modificaban su manera de ver el mundo. En igual sentido, según muestran Carolina y Melina, que mujeres libertarias se asuman feministas significa que la marea verde no pasó sin pena ni gloria.

Finalmente, en la afirmación de Carolina Justo acerca de que “la disputa por las inclusiones/exclusiones es estructural a los feminismos” reverbera parte central del asunto: el conflicto es histórico, nos excede. Pero, en nombre de la sororidad que debería amalgamarnos, cuando el presidente (que votaron a pesar de sus fijaciones de dominio anal y el listado de vilezas que no vale la pena repetir aquí), los lajes, los marqueses y los varones unidos nos prepoteen en redes y calles, sinceramente, esperamos que estén de este lado.

*Myriam Pelazas. Lic. Ciencias de la Comunicación, UBA. Mag. Historia, UNTREF y Doctoranda Ciencias Sociales, UBA. Profesora de Historia Social Argentina y Latinoamericana, Ciencias de la Comunicación, Fac. Ciencias Sociales, UBA y en seminarios sobre comunicación, géneros y sexualidades

Nov 10, 2025 | Myriam Pelazas

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